Entrá y mirá la columna del hincha. Hoy destacamos a Karen Beltrán. Se vos el protagonista y envianos tu propia nota a notas@bocajuniorsonline.com. Nosotros la publicamos.
Nunca olvidaré aquel día que tuve frente a mis ojos el lugar más imponente y magnifico del mundo, esa perfecta construcción llamada comúnmente “La Bombonera”. Me siento incapaz de describir con palabras las sensaciones que se produjeron dentro mío ante un sitio tan esplendido, colmado de personas distintas a simple vista pero interiormente tan parecidas por el idéntico sentimiento de amor por Boca, este hecho te produce una sensación de familiaridad hacia ellos, a pesar de no haberlos visto nunca anteriormente.
El simple acto de hallarse en este templo es único, indescriptible y hasta por momentos te sentís diminuto ante formidable templo.
Es que Boca genera eso, el hecho de no poder explicar la felicidad que te ocasiona contemplar a la hinchada alentando, a los jugadores dejando todo en la cancha, demuestra que Boca no se asemeja a cualquier equipo, y esto te lleva a concluir que sos la persona más afortunada por llevar el azul y oro en el corazón y que, además, no sos el único en sentirlo, sino que hay millones de personas en diferentes puntos no sólo del país, sino del mundo, que cuando ven jugar a Boca experimentan lo mismo que vos.
Cada vez que nos consagramos campeones no puedo evitar sentir una felicidad sin comparación, del mismo modo que cuando sufrimos una derrota la tristeza que nos invade es ineludible.
Ser hincha de Boca no es un simple fanatismo, sino que es un amor incontrolable que te provoca desbordar de emoción. Y esas sensaciones únicas, incomprensibles, que percibís son solamente propias del mejor equipo.
Y por eso, cada día me siento más orgullosa de amar al mejor equipo del mundo.
Orgullosa de saber que esta pasión no se termina, pese al resultado de un partido.
Orgullosa de bancarte en las buenas y en las malas.
Orgullosa de que seas respetado en cualquier sitio donde te presentes a exhibir tu glorioso fútbol.
Orgullosa de llevar conmigo estos colores hasta el final de mis días.
Y aunque muchos no consigan entender este sentimiento, precisamente eso nos hace únicos, porque podrán imitarnos pero igualarnos… ¡jamás!
Karen Beltrán, 17 años. (Adrogue, Buenos Aires)
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