El segundo central de Boca logró el primer campeonato en su vida. Un hombre duro de pasar y con una idea clara en su juego. Insaurralde sabe que su trabajo es pelear contra el peligro que generan los rivales en noventa minutos.
Juan Manuel Insaurralde es callado, alto, fuerte, simple, chaqueño y central. Recomendado por Schiavi llegó a las puertas de la Bombonera con ansias de encontrar en el club su primer campeonato. Fue parte de un comienzo de temporada dificultoso y se ganó el lugar como segundo marcador central. De zurda despejó las amenazas rivales y se convirtió en el compañero ideal para el Flaco. Ambos resultaron ser invencibles con el pasar de la fechas del Apertura.
El chaqueño no descansó nunca. Ni siquiera en las prácticas. Sus compañeros, sin importar nombres y estaturas, lo sufrieron en los entrenamientos. Insaurralde marca y presiona hasta cuando juega un picado relajado de cinco contra cinco. Es un defensor de raza, de esos que no podrían jugar en otro lugar porque extrañarían su posición en la cancha. Cvitanich, Clemente, Pochi Chávez y Mouche son algunos de los que pueden dar fe de la presencia del número seis Xeneize en sus espaldas.
Insaurralde derramó algunas lágrimas cuando Baldassi pitó el final del partido con Banfield y Boca logró el campeonato. Fue el primero en su historia, la primera vez que el triunfo verdadero transitaba sus sensaciones y lo ponía en la cima del profesionalismo argentino. Sus lágrimas son el retrato del esfuerzo y la humildad de su trabajo.
Textos: Redacción Boca Juniors
Fotografías: Photogamma